25 años construyendo e imaginando el futuro

Hace un siglo que mi familia vino a la Argentina y se sumergió en los negocios agropecuarios en el oeste de la provincia de Buenos Aires.

Hace 25 años, mi padre comenzó a construir el proyecto de trabajar con sus hijos, una nueva vida, la idea de que lo que viene puede ser distinto e incluso mejor de lo que nos legaron.

Durante estos 25 años miramos siempre el futuro y cuando reviso imágenes y textos de esta publicación, redescubro experiencias, compañeros de camino; lo que fue bueno y lo que fracasó.

Y tengo ganas de agradecer a los que hicieron posible transitar este camino; muchos, muchísimos siguen arriba del barco; otros, lamentablemente, por voluntad propia o ajena, se bajaron. Todos reconocemos que haber estado, haber participado, haber puesto nuestro grano de arena no fue en vano. Nos fuimos mejores de lo que llegamos y si nos quedamos sentimos un orgullo particular de pertenecer, de ser parte de una historia.

Dicen que hablar de lo que pasó significa que ya estás viejo, pero revisando esta corta e intensa experiencia de Los Grobo, siento que el pasado está atado al presente y al futuro. ¿Será casualidad que mi abuelo Bernardo y bisabuelo Abraham eran “Sin Tierra” y contratistas, es decir, proveedores de servicios? ¿Cuánto de lo que corre por nuestras venas y alma es predestinamiento y cuánto construcción nueva y genuina?

Estamos en los 25 años de edad frente a desafíos únicos, estimulantes. Los Grobo es una empresa regional, multilocal, es una empresa de acá, no importa dónde, de dónde son los clientes o los proveedores, de dónde somos los que trabajamos en Los Grobo. Sus ideas, su cultura, su modelo de negocios están siendo adoptados por muchas otras empresas y se debate sobre Los Grobo en las universidades y en el campos, entre los trabajadores y los políticos.

No queremos pasar desapercibidos, queremos impulsar transformaciones o revoluciones, queremos el progreso y la mejor calidad de vida, queremos a las personas libres, autónomas, empoderadas pero que no piensen solo en sí mismas. Creemos en los procesos colectivos, no por fe sino por experiencia. Los Grobo es el fruto de un gran proceso colectivo.

No puedo dar nombres, son muchos, se me vienen mil a la cabeza pero debería solo decir que nada hubiera sido posible sin Adolfo, nuestro fundador.

Él abrió las puertas donde y cuando nadie las abría, con generosidad para compartir. Él impulsó con pasión a los que estaban cansados, molestó a los que no sabían o no se daban cuenta y se mostró abiertamente humano, perfectible y falible para que aprendiéramos de sus errores.

Soñé que corría el año 2020 y nos encontrábamos sentados con Paula tomando un café en un bar de no sé qué pueblo de campo. Podría ser algún lugar de África o de Europa del Este. O una aldea de la India, de la altillanura colombiana o de Brasil. Escuchábamos hablar a dos campesinos del lugar sobre el desarrollo de la agricultura y su industrialización, sobre nuevas tecnologías y nuevas formas de organizarse, de cómo el progreso había venido a su pueblo y de cómo los jóvenes ya no se querían marchar. Los escuchamos hablar de muchas cosas con felicidad y esperanza, hasta que uno de ellos preguntó: ¿Por qué se llamará Los Grobo esta empresa de acá?

Gustavo Grobocopatel
Presidente Grupo Los Grobo

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